Mythic Quest es de esas series que empiezan haciéndote reír y terminan haciéndote pensar. Cuatro temporadas en Apple TV+, cada una con su propio carácter. La mejor es la segunda, podía haber terminado ahí y hubiera sido perfecta. Pero siguió, y bien que hizo.
La tercera se da tiempo de profundizar el tema de los vínculos profesionales y lo hace de manera espectacular. Tal vez me sentí demasiado identificado, jaja.
Poppy e Ian, David y Jo: son esas duplas que cuando las formas en tu mundo laboral quedas agradecido de por vida. Obvio que hay drama, somos humanos y en el fondo nos encanta, pero también hay muchas alegrías y sobre todo aprendizaje y crecimiento.
La cuarta temporada es más madura. Poppy e Ian van por nuevos caminos, la relación evoluciona, y la serie aprovecha para explorar cosas que en temporadas anteriores apenas rozaba. No es la más divertida, pero sí la más honesta.
Más allá de las duplas, Mythic Quest toca temas que cualquier diseñador reconoce aunque nunca haya trabajado en videojuegos: vínculos de trabajo, amistad, ética (y su ausencia), depresión, soledad, creatividad. Refleja mucho de lo que solemos vivir, con humor y sin anestesia.
Hay un episodio en particular, el 6 de la segunda temporada («¡Historia!»), que merece análisis aparte. Lo dejo pendiente para otro post.
Me recordó a mis duplas, mentores y amigos que han pasado por mi vida laboral y a quienes agradezco un mundo.
Vean Mythic Quest en Apple TV+, recomendadícima. Para reír un rato y, tal vez si se identifican, llorar de nostalgia, felicidad y querer dar kudo cards a sus colegas.