No te metas en política y otras tonterías que la gente dice

5 de enero de 2026

Fotomontaje de Ready Player One con Nicolas Maduro
Fotomontaje de Ready Player One con Nicolas Maduro

Querido y querida suscriptora, ¡Feliz inicio de año!

Y si bien un inicio siempre parece algo esperanzador y positivo, este año comienza con algo preocupante: otro conflicto geopolítico, la invasión de Estados Unidos a Venezuela. Entiendo la alegría de quienes ven el posible fin de un régimen opresor, pero también estoy preocupado por lo que esto significa a nivel histórico y político. Más aún, me inquieta escuchar que, ante cualquier expresión de preocupación, algunos respondan: «tú no sabes, no opines de algo que no has vivido». Como si preocuparse cuando un país invade a otro soberano no fuera asunto de todos. Como si eso negara que Maduro y su régimen destruyeron millones de vidas.

Y más allá de «no politizar» (que, siendo honestos, sí es el objetivo de esta newsletter), esto es un síntoma de cómo individualmente vemos la política. Mucha gente repite que «la ideología no importa», o que «ellos no tienen ideología». Eso es falso: todos tenemos una. La diferencia está en si la conocemos o si simplemente la repetimos en forma de sesgos, miedos heredados o consignas que nunca nos hemos cuestionado.

¿Pero por qué hablar de política en una newsletter profesional? Porque todo profesional debería tener clara, si no su ideología política, al menos un mínimo marco filosófico. No hace falta citar a diez autores cada mañana, pero sí entender que nuestra forma de ver el mundo determina nuestra moral práctica: qué consideramos justo, qué nos parece aceptable, dónde trazamos la línea entre «solo negocios» y «esto está mal». Y esa moral se cuela en las decisiones que tomamos en el trabajo: en qué priorizamos, a quién escuchamos, qué problemas consideramos importantes y cuáles ignoramos.

Ejemplo: Si trabajas en producto, decides qué métricas importan (¿engagement o bienestar?). Si eres gerente, decides si flexibilidad laboral es «productividad perdida» o dignidad básica. Si eres analista, decides qué datos incluir en un reporte y cuáles omitir. Ninguna de esas es una decisión «técnica» —son decisiones sobre valores, poder y a quién le importa qué. Tu ideología está ahí, aunque creas que solo estás «haciendo tu trabajo».

Lo que está pasando en Venezuela es un espejo de esto. Por eso me parece importante hablar de política en todos los espacios: no como fanáticos que defienden una trinchera, sino con la apertura de entender otras posiciones, contrastarlas y buscar una síntesis que nos permita convivir. En un mundo polarizado eso puede parecer casi imposible, pero justamente por eso es urgente. Porque igual de peligroso es el día en que defendemos una dictadura represiva, como el día en que aplaudamos sin cuestionar a un imperio invasor, solo porque coincide con nuestros miedos o nuestras esperanzas del momento.

¿Puedes hablar de tu ideología sin caer en posiciones viscerales? ¿Puedes entenderla con el objetivo de adquirir conocimiento, con amor por la sabiduría (que es, literalmente, lo que significa filosofía)? ¿O vas a seguir repitiendo «mejor no hablar de política» como si eso nos librara de las consecuencias de nuestras decisiones?

Si llegaste hasta acá, entonces ya tenemos de qué conversar este 2026. Espero leerte en comentarios y en la entrega de la próxima semana.